En el barrio alto hay un balcón
donde se cotemplan las cabezas
envadurnadas de un arenal de ceniza ;
allí se escuchan fardos
con sus pardas espinas
y en sus nubes de barro
se teje la brisa.
En el barrio alto
hay un balcón
para destramar las texturas
de las ropas viejas
y notar la lluvia en los huesos.
En el barrio alto hay un balcón
de tarde ríspida
como una dureza de manos de piedra
que puede reventar la aurora
o tocar estrella.
En los altos territorios
de tenderetes deshabitados
sus espejos lluven de ausencias
y la luna esta llena,
llena de sueños y caballos
mirándonos allí quieta.
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